Friday, September 18, 2009

Fassbinder y su alter ego

La vida amorosa es complicada. Rainer Werner Fassbinder lo supo en carne propia toda su vida. A comienzos de los setentas empezó a escribir una obra para presentarse en teatros. En 1972 decide llevarla al cine, su titulo Die Bitteren Tränen der Petra von Kant.
La obra tiene un solo escenario, la habitación de la diseñadora Petra Von Kant. Solo existen seis personajes, todos femeninos.


Si realmente tu afición por el cine es comer harta canchita y llenar tu panza con medio litro de soda, mejor ni te animes a ver esta película de más de dos horas. Primero recuerda que es originalmente un guión teatral así que los diálogos tienen relevancia mayor. Segundo la obra es de un ritmo tan lento que te puede resultar agobiante y para terminar el final es muy poco complaciente.

Petra y Marlene conviven casi tres años, ambas diseñadoras de éxito. El asunto es que Marlene asume un rol de esclava mientras que Petra es la ama cruel y desconsiderada. Las personas son tan complejas que muchas veces aceptan de buena manera comportamientos y usos que para el promedio resultan enfermos y degenerados, y este es el caso de esta lésbica pareja.


Siempre el repentino apasionamiento por un tercero en esa realidad de paridad exclusiva trastoca todo. Parafraseando el título del libro de Enrique Verastegui, la pasión es el motor del deseo. Ahora, ¿cuanto se puede dar por tener lo deseado a tu lado? y esta historia demuestra que se puede dar tanto como hasta olvidarse de uno mismo.


El guión tiene casi hasta la mitad una calma pasmosa que se rompe con estruendo luego de un dialogo en que Petra cuestiona a su caprichoso juguete sexual que había hecho la noche anterior, es decir que justifique su ausencia, la respuesta es brutal: "Salí a bailar con un negro bien grande, con una gran verga negra". Esta vulgar respuesta es el quiebre para que la obra empiece a crecer en intensidad y muestre el descalabro personal de Petra Von Kant.




Dicen que la vida de Fassbinder era muy similar a la de Petra, siempre comprando, humillándose e inmolándose por sus pasiones, no por nada al título de la obra se sumó otro: Una enfermedad.


Post Scriptum:

La puesta en escena, vestuario y gestualidad de muchas de las escenas es digna de resaltar, Marlene no habla en ningún momento, las poses de las actrices se asemejan muchísimo a la de los maniquíes que aparecen en la habitación de Petra y las mujeres a veces se transforman seres bastante androginos.

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